# La operación de Victor

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Texto por Ana Mendoza

   Al principio no sabíamos como empezar pero su psicóloga nos dio la clave: “Victor es mayor y entiende las cosas, que se lo explique directamente el médico cuando vayáis a consulta”. Y así fue.

  Luego nosotros nos encargamos de contar con más detalle, de manera sutil y reforzando los beneficios positivos, lo que iba a ocurrir.  La fecha definitiva se la dimos una semana antes para no agobiarlo demasiado.

   Al principio se puso triste y soltó una lagrimita pero al día siguiente lo explicaba con naturalidad a todo el mundo. Durante los días previos a la intervención estuvo contento, como si nada, esto nos tenía algo desconcertados porque no era típico de él. Lo normal es que estuviese muy, pero que muy cabreado… no fue así.

   El jueves 3 de abril llegamos a las 7 de la mañana al hospital. Víctor ya no parecía tan tranquilo, estaba asustado y nervioso, como nosotros, pero había que disimular… Sobre las 8:15 bajamos a la zona quirófanos. Pensábamos que en cualquier momento despertaría “la fiera” con gritos y alguna manifestación espontánea de pánico… tampoco fue así. 

   Los anestesistas enfundados en sus batas verdes, sonriendo para dar confianza a los pequeños se fueron llevando las camillas de los niños una a una. Victor entró el tercero. Mientras las puertas acristaladas se cerraban delante nuestro, escuchábamos como le preguntaba a la anestesista ¿me va a doler?

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    Pasar por quirófano no es una experiencia agradable, y más cuando el que está ahí es tu hijo. Es una sensación a la que nunca te acostumbras. Por muchas garantías que tengas, los nervios y la tensión siempre están presentes durante la larga espera. Menos mal que Aina nos mantuvo distraídos y ocupados.  

   Tras cuatro horas de deambulando por los pasillos del hospital, sonó el dispositivo que nos dieron para estar localizados. Los tonos y el parpadeo de la luz nos avisaba que la intervención había finalizado y que podíamos bajar a hablar con el médico. 

   La segunda sorpresa nos la dio el Dr.Ullot cuando nos explicó que todo había sido más fácil de lo que pensaba. Al final había podido alinear las piernas sin tener que manipular demasiado. Solo había tenido que partir el hueso del fémur, la tibia no había sido necesaria tocarla. También, a petición del Dr.Pintos, aprovechando que lo tenían que anestesiar, un cirujano vascular le había colocado un port a cath.

   Después de escuchar las buenas noticias subimos a planta a esperar que nos trajeran al pequeño dictador de la sala de reanimación. Sobre las dos lo trajeron a la habitación. Venía despierto, con los ojos un poco hinchados y cara de cansancio. Lo primero que nos dijo fue en que planta estaba, cual era el número de la habitación y que si teníamos una guía del hospital. Típico de él y un indicativo de que estaba bien.  

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   Aparte de la medicación analgésica que le ponían en los sueros, llevaba conectada una bomba de morfina que le inyectaba 1 ml/h y que en caso de dolor agudo, apretando un botón le suministraba una dosis directa de 2ml. 

   Los primeros síntomas de dolor comenzaron a las cinco de la tarde. El efecto de los anestésicos de la operación habían desaparecido. Empezó a quejarse “me aprietan las escayolas” decía “quiero que me las quiten”. Poco a poco, el nivel fue subiendo y las quejas pasaron a gritos. Durante un rato pasamos unos momentos tensos hasta que la morfina hizo efecto y se quedó adormecido. Esa fue la única crisis de dolor agudo que tuvo. 

   La noche más “movidita” fue la primera, los intervalos de sueño eran muy cortos y se alternaban con algún quejido o demanda, aún así fue más tranquila de lo que esperábamos. Menos mal que fueron sólo tres días de hospital, porque era un agobio muy grande  para todos.

   Con la niña todo es más complicado, como es “lacto-dependiente” no puedo dejarla con nadie, así que Óscar se quedaba noche y día y yo me marchaba a casa con la pequeña a última hora de la tarde y volvía por la mañana. No teníamos otra opción.

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   Ya han pasado tres semanas desde la intervención y todo está saliendo mejor de lo que podíamos imaginar. La primera sorpresa nos la ha dado Víctor, que con su forma de gestionar todo el proceso ha demostrado una madurez y una valentía que hasta ahora desconocíamos en él. 

   Aparte de la preocupación de la operación en sí, una de las cosas que más cuestan es tener que explicar y plantear ciertas situaciones difíciles a un niño que es consciente de todo. Hay que medir muy bien las palabras y sobretodo tener claro que no se le puede engañar ni contar un cuento de color rosa. 

+ INFO:

– Texto original extraído de: Mil historias pequeñas / victorcatala.blogspot.com.es

Vidas MPS

Asociación MPS España 

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LA LOTERÍA DE LOS NIÑOS RAROS [ WORK IN PROGRESS ]

Fotografía por Sandro Gordo (C) 2014

5 comentarios
  1. paqui fernandez dijo:

    bonita historia !!!!!!!! muy valiente victor !!!!

    • Igual que vosotr@s Paqui! Espero que todo vaya bien, quiero visitaros pronto. Un abrazo!

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